domingo, 29 de enero de 2012

FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACION

14.1 LA VISIÓN ESPÍRITA DE LA ORACIÓN Y DE LA CARIDAD

Todas las sectas y religiones se utilizan de formas de adoración en sus cultos. La oración es una de ellas.
 
Llena de asociaciones místicas, la oración, en la historia de la humanidad, ha recogido un largo y variado camino.
 
Los pueblos primitivos y salvajes  la han utilizado en diferentes formas de sacrificios creyendo aplacar la ira de los dioses.  
 

Sin embargo, en la medida que fue avanzando el hombre empezó a comprender que  la adoración a  Dios debería ser hecha  en  el  altar  del propio corazón.

El ejemplo que nos ofreció Jesús, fue muy relevante. Él se nos advirtió para que, al orar, no lo hiciéramos como los Fariseos, en las plazas y en las calles como forma de exhibicionismo. 

Sus discípulos Le solicitaron, en determinada ocasión, que os enseñara a orar como  Juan Bautista lo había hecho. El Maestro, entonces, recitó el modelo de oración Padre Nuestro o Oración Dominical, que resume todos los deberes del hombre para con Dios, el prójimo y consigo mismo.
 
“Pedid y obtendréis, buscad y encontrareis, batid a la puerta y ella se vos abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; el que golpea la puerta, ella se le abre.”(Mt,cap.VII, 7 a 11).

Según los Espíritus  superiores  de la Codificación Espirita, a  través  de la oración podemos pedir,  loar y agradecer. No obstante, lo que más hacemos es pedir, olvidándonos de agradecer y de loar la grandeza y la sabiduría de Dios. (LE, Kardec, parte III, Ley de Adoración, nº 158 y siguientes).
¡Orar es abrir la boca del alma!

Las oraciones pueden ser verbales o mentales (a través del pensamiento). Cuando son verbales, se debe asociar a las palabras las emociones y sentimientos superiores. No es el número de palabras o la erudición, ni tampoco la extensión o la entonación de voz, que la hace una oración agradable a Dios.

El pensamiento proyectado hacia el  Padre Celestial,  cargado  de nobles y caritativas intenciones,  estará impregnado de energía, de magnetismo, que alcanzará a los Benefactores Espirituales incumbidos de ejecutar la voluntad del Creador.
 
Mientras el  sonido se propaga a través del Aire, el  pensamiento se propaga a través del Fluido  Cósmico Universal, presente en todo el Universo.
 
De ese modo, la oración alcanza los puntos más distantes  del cosmos, dondequiera que estén aquellos  a quienes la dirigimos. (LM, Kardec, cap.XXV nº 282, 5º)
 
La atención de la súplica estará sujeta a un sin número de circunstancias, que dependerán del merecimiento, de la necesidad y de la utilidad para el que la pide...

Un padre, en la Tierra, no le da al hijo todo lo que él pide; tampoco le da una serpiente  si éste le pide pan. Cuando un padre va a atender a un hijo, calcula la necesidad, la utilidad y el merecimiento del hijo, a fin de que la concesión sea justa y útil. Dios,  a su vez,  así también actúa  con la  humanidad,  que, sin embargo, incesantemente Lo acusa de injusto.
 
La Providencia Divina tiene conocimiento de lo que pasa con cada uno de sus hijos, sea como sea, estén donde estén.
 
Dijo Jesús: Cuando fueres a orar, entrad a tu cuarto y orad en secreto y vuestro padre que sabe lo que se pasa en secreto os recompensará. (Mt, VI, 5,8).
 
Por eso, la oración debe ser hecha con mucho recogimiento, como íntima manifestación. El propio Cristo, alejándose del tumulto, recurría a la soledad en el jardín o a la intimidad de la casa de Simón Pedro, para orar a Dios.
 
Incluso el acto de cerrar los ojos es una manera de recogimiento, puesto que al hacerlo concentramos la atención en el  pensamiento que iremos  a formular – las imágenes exteriores ya no nos atormentan.
 
Podemos orar por nosotros mismos o por alguien, como acto de caridad y de amor hacia
el prójimo.

Muchos afirman  no  poder practicar la caridad  por  falta  de recursos económicos, desconociendo  el verdadero
sentido de este acto.

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús nos ofrece el ejemplo de la verdadera  caridad. El Samaritano se dispuso a ayudar con lo que tenía disponible en aquél momento: Aceite y vino, para promover la higiene de las heridas de aquél hombre… Luego, lo atendió en la hospedaría, donándose y canceló los gastos de las siguientes noches; ¡y ambos permanecieron anónimos! 

¡Es un ejemplo muy fuerte!

La caridad puede ser material o espiritual de conformidad con las necesidades del momento y las posibilidades de aquél que desea ser útil.
 
Allan Kardec, al formular la máxima “Fuera de la Caridad no Hay Salvación”, preguntó sobre la importancia de ese pensamiento a los espíritus superiores (LE, Kardec, parte  III, cap. XI, Lei de  Justicia, nº 886 y siguientes). Éstos le informaron  que la caridad es la virtud fundamental sobre la cual reposa todo el edificio de las demás virtudes terrestres.
 
Al igual que la oración, la caridad también debe asociarse a la intención  noble de auxiliar desinteresadamente:  “No sepa vuestra mano izquierda lo que hace la derecha”. Los sentimientos de amor y de abnegación deben acompañar a la Caridad  en  su trayectoria a fin de  cualificarla. No es la cantidad de lo que se dona, sino la manera de ofrecérsela.
 
Así, como corolarios, la oración y la caridad indican los verdaderos cristianos, y los buenos Espiritas. Aquellos que se  propongan a la práctica de las  buenas  acciones, se sentirán  penetrados por dulcísimas vibraciones, emanadas de lo más alto, transformando sus vidas en un verdadero himno de amor.


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